Navalni, en huelga de hambre para exigir atención médica

El líder opositor ruso Alexéi Navalni, que cumple una condena de dos años y cinco meses en la Colonia Penitenciaria número 2 (IK-2) en Pokrov (región de Vladímir), se declaró ayer en huelga de hambre para exigir que los médicos puedan visitarle. Navalni insiste en que se encuentra mal y sostiene que arrastra problemas de salud desde que fuera envenenado en Siberia el año pasado, según él, por agentes del Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB, antiguo KGB).

El principal adversario del Kremlin hizo el anuncio a través de su cuenta de Instagram, en donde exige a la dirección de la prisión que cumpla la ley y no viole sus derechos impidiendo que le atienda un médico directamente en la celda. «Tengo derecho a ser visitado por un doctor y a obtener medicamentos». Desde hace una semana, Navalni se queja de fuertes dolores en la espalda y en su pierna izquierda. Ahora asegura haber perdido sensibilidad en las dos extremidades inferiores.

El político opositor ha denunciado también torturas consistentes en no dejarle descansar debidamente durante la noche, ya que cada hora se le despierta. También deplora que están ensuciando intencionadamente el suelo alrededor de su camastro y no permiten a nadie limpiarlo. Un colectivo de médicos ha publicado una carta abierta solicitando que Navalni pueda tener la atención sanitaria que necesita y cesen las torturas y presiones.

El adversario del presidente Vladímir Putin dijo esta semana que los guardianes de la prisión le han amonestado ya seis veces desde que llegó a la cárcel de Pokrov, el 11 de marzo, con el objetivo evidente de acumular infracciones para confinarle en una celda de castigo, circunstancia que, además de suponer una forma de tortura más, impide acceder a ser puesto en libertad antes de tiempo por buena conducta.

La semana pasada, Navalni envió una solicitud al director del Servicio Penitenciario Federal de Rusia (FSIN), Alexánder Kaláshnikov, y al fiscal general, Ígor Krasnov, para que cesen contra él las torturas y le permitan descansar durante toda la noche sin interrupciones.

Tras recuperarse del envenenamiento sufrido en Siberia, el disidente ruso regresó de Alemania el pasado 17 de enero y fue detenido nada más pasar el control de pasaporte. El 2 de febrero fue condenado a dos años y medio de prisión por una causa que data de 2014 y que él considera «amañada y motivada políticamente». La apelación contra tal sentencia fue rechazada el 20 de febrero. Contra él hay en curso dos causas judiciales más.



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