Danny Trejo fue encasillado en papeles de ‘malo’ y ofrece un acercamiento a la mafia mexicana

Recordando sus años entre rejas, el actor Danny Trejo a veces resoplaba o se frotaba la cara con las dos manos, como si recordara los traumas de hace medio siglo.
Algunas de estas historias ya han sido contadas; muchas han servido de base para su prolífica obra; y las más importantes están recogidas en sus nuevas memorias «Trejo: Mi vida de crimen, redención y Hollywood». En la conversación, como quizá en el plató, aparecen en su cara algunos tics involuntarios.
«Cuando interpreto a esa persona loca y desquiciada, recuerdo que he estado allí, he visto eso», dijo Trejo durante una entrevista en video desde su casa en Los Ángeles. «No quiero regresar a eso. Ese lugar al que puedes ir es muy, muy real».Trejo, un actor de género de Hollywood muy querido tanto por sus papeles como por sus actos desinteresados fuera de la pantalla, consiguió su oportunidad en la industria después de visitar el rodaje de una película en 1985 para ayudar a alguien en el set que estaba luchando por recuperarse de una adicción. Era un tema delicado. Trejo, con su imponente físico y sus años de servicio, habría encajado muy bien en cualquiera de las dos películas. Sin embargo, había un problema. La Mafia Mexicana, o «Eme», es muy notoria por sus despiadadas ejecuciones, según las autoridades federales. En el sistema penitenciario ya se había corrido la voz de que el guión de «American Me» se tomaba libertades narrativas ofensivas -relacionadas con la violación en la cárcel y los códigos fraternales de la Eme- que estaban molestando a los líderes de la banda en el mundo real. Además, la película propuesta utilizaría explícitamente el término «Eme», lo cual constituía otro problema serio.
Trejo sostiene que hasta 10 personas fueron asesinadas en prisión o fuera del sistema en relación con la cinta «American Me».
Trejo, por su parte, aceptó un pequeño papel en «Blood In, Blood Out», una experiencia que le permitió volver a San Quintín por primera vez desde que estuvo preso allí, pero esta vez como actor.
Los mundos volvieron a chocar. Durante el rodaje, escribe, Trejo pudo deambular casi libremente por el interior de una instalación que para él era el lugar de tantos horrores. Los primeros pasajes del libro describen los peligros mortales que acechan en cada esquina de San Quintín. En un estado de «regreso al punto de partida», incluso rodó algunas escenas dentro de la C550, su antigua celda real en el bloque sur de la prisión.
Sus reflexiones en esos momentos clave están muy bien plasmadas.

Recurso de Imagen: «UniFrance»

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